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Gent nostra

Tres fundacions de santa Teresa, avui


Articles escrits a petició del Butlletí CC i pubicats al num.70 de juliol de 2012, en el castellà original dels treballs

SEGONA FUNDACIÓ: MEDINA DEL CAMPO

Teresa de Jesús elige Medina del Campo para realizar su segunda fundación. Es el primer Carmelo que marca la expansión de su carisma de fundadora.
Medina del Campo es tierra de encuentros vitales y profundos, que dejan huella, que marcan o señalan un camino.
A Medina del Campo llega también en aquel verano de 1567 Juan de Santo Matía (el cual pronto sería Juan de la Cruz) en busca del Dios del Amor. Y se realizó el encuentro:
Un encuentro cordial… profundo... Vital… e imperecedero porque nunca acaban sus consecuencias.
En Medina del Campo, lugar de encuentro, Dios se hizo encuentro. Teresa y Juan se descubrieron mutuamente y se fundieron en un único carisma.
Medina significaría la consolidación de su reforma y un lugar providencial.
El 14 de agosto de 1567, a las doce de la noche, mientras en la villa se celebraba un encierro de toros, hacia su entrada sigilosa la madre Teresa y media docena de monjas, más una joven postulante; tras trabajar intensamente durante toda la noche para adecentar unas tapias ruinosas, al amanecer del día 15, festividad de la Asunción de nuestra Señora, con la celebración de la misa quedaba inaugurada la segunda casa de la reforma, con el titular: San José del Carmen.
Esta fundación fue puesta por la Santa como la primera bajo la jurisdicción de la Orden. En 1858, al haber desaparecido la Orden masculina por orden del Gobierno español, el convento pasó a la del Ordinario del lugar.
La iglesia se comenzó a construir en 1596, concluyéndose en 1603. Las obras se dirigieron por Francisco y Andrés López. Tanto en el exterior como en el interior se aprecia la austeridad y sencillez propia de la orden. En su interior, una pequeña sala-museo, alberga varios objetos de culto, reliquias, platerías y piezas originales de los tiempos de la fundación teresiana.
La vida de la comunidad gozó de vitalidad espiritual participando en diversas fundaciones carmelitanas... en vida de la santa.
A lo largo de la historia ha tenido bastantes vicisitudes exteriores, como tantas organizaciones religiosas. Por ejemplo, cuando el 29 de noviembre de 1808 entraron las tropas de Napoleón en Medina las monjas tuvieron que abandonar el convento, pero pudieron regresar a los quince días. Meses más tarde tuvieron que salir también del convento, a donde pudieron volver un mes más tarde.
A mediados del siglo XIX sufrió grave crisis por falta de religiosas, pero pocos años después se recuperaron, de forma que pudieron ayudar a hacer nuevas fundaciones.
La Comunidad es miembro fundador de la Federación S. José de la Provincia teresiana de Castilla-Burgos.
En la actualidad componemos la Comunidad 21 hermanas; nos hemos fusionado con las hermanas de Tordesillas, y gracias a Dios, vamos conquistando el sentirnos como una sola comunidad. Y es que este ideal que sólo será plenamente realizado cuando desde el carisma seamos capaces de aglutinarnos y entusiasmarnos como un grupo unido por vínculos más fuertes que el "concierto" de una amistad, en torno al trato con Dios, armonizando aspectos al parecer contrastantes como la soledad y la comunión.
Somos conscientes, de que también estamos involucradas de lleno en la crisis que afecta a España y Europa. Y también asumimos la pregunta: “¿Qué actitudes prevalecen en nosotras en ésta situación?” y creemos que lo más importante o lo que tiene prioridad, es: si la contemplación es auténtica, generará AMOR y habrá ciertamente una capacidad para descubrir el drama de la existencia en su verdadera profundidad. Y desde lo absoluto de Dios hacerse presentes en dichos acontecimientos. Hace falta una gran sensibilidad humana para ser almas auténticamente contemplativas. No se trata sólo de tener la capacidad para conocer los problemas de las personas, sino disponer de una gran libertad interior para asumirlos con serenidad salvadora, la cual proviene del AMOR. Por eso, nuestra vida se inserta profundamente en la historia de los hombres. Para ser auténtica, necesita alimentarse del dolor y la alegría de los hombres.
Estamos llamadas a caminar compartiendo juntas. Amamos con pasión nuestro carisma y sentimos la urgencia de trasmitirlo, como algo valioso que recibimos, para que siga irradiando en la Iglesia y beneficiando como tesoro luminoso a hombres y mujeres cristianos o no, también en nuestro mundo.
Envuelve estos datos un profundo sentimiento de gratitud a Dios, que nos regaló y sigue regalando la pertenencia al carisma Teresiano y Sanjuanista ya que unidas en este amor a nuestros Santos Padres Teresa y Juan, nos sabemos sostenidas por Dios, acompañadas por Jesús y fortalecidas en la esperanza del Espíritu.
Carmelitas Descalzas de Medina del Campo

SEVILLA: ESPIRITUALITAT I HISTÒRIA

Aquesta és, potser, l’única fundació feta a contracor: «Yo siempre había rehusado mucho hacer monasterio de éstos en Andalucia» (Fundaciones 24,4)

En el año 1575, después de un largo y agotador viaje y gracias al empeño del P. Gracián, nuestra Madre Teresa de Jesús viene a fundar a Sevilla, junto con otras hermanas, entre ellas María de San José, a quién dejó de priora y a la que quería muchísimo.
Aquí en esta ciudad sufrió mucho: le costó conseguir casa adecuada, licencias para fundar y hasta fue acusada a la Inquisición. Pero también fue en el único sitio en que el mismo Obispo, Cristobal Rojas, le pide a ella la bendición.
En esta Fundación estuvo la Santa un año entero, primero en una casa que había en la calle de Armas (hoy Alfonso XII) y después hizo el traslado a la calle Pajería (actualmente calle Zaragoza). Tras quedar contenta con la casa a los pocos días se marchó hacia Toledo, pasando por Malagón.
En 1586, viendo las hermanas que la casa donde estaban no era favorable para la vida contemplativa por ser lugar de mucho tráfico y también porque no era buena para la salud, San Juan de la Cruz compra unas casas principales en la calle de Banco y Morga, situada en el Barrio de Santa Cruz, la actual calle de Santa Teresa.
Transcurre el tiempo y aunque ha habido guerras, revoluciones, desamortización, dificultades económicas, etc… esta comunidad no las ha sufrido como otras, y gracias a la Providencia se ha podido conservar el Patrimonio de tantos siglos. Tan solo la antigüedad del edificio ha obligado a intervenir a lo largo de los siglos para la conservación y rehabilitación del Convento, y aún hoy seguimos con algunas obras urgentes, que con la ayuda de los sevillanos estamos afrontando.
Hoy, después de cuatro siglos, vivimos aquí 19 hermanas, con el deseo de mantener vivo el Espíritu que impulsó a nuestra Madre Teresa, a fundar estas Casas de Oración. Queremos que todo el que se acerque a nosotras respire la paz, la alegría y la felicidad que brota de vivir consagradas a un Dios amigo y cercano, que se preocupa sólo de hacernos el bien y quiere que seamos felices. Nuestro deseo es transmitir e invitar a todos, a que se acerquen al que es fuente de felicidad y puedan gozar de este bien y descubrir a través de la oración al Dios que vive en cada uno de nosotros y está vivo y presente en todo momento. Un Dios-Amor, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¿Qué vivencia concreta nos da el vivir en una Fundación Teresiana? El vivir en una Fundación Teresiana nos hace poder mantener de una forma visible, a través de reliquias y recuerdos, la presencia de nuestra Madre Teresa por estas tierras andaluzas. Esta comunidad ha sido muy agraciada y conserva muchísimas reliquias, entre las que destacamos: El manuscrito de las Moradas, el retrato auténtico de Fray Juan de la Miseria, algunas cartas… y la capa con la que murió, que en Sevilla se ha hecho tradición, ya que se la ponen las señoras que van a dar a luz para que les ayude en el embarazo y en el parto… y también desde hace unos años, las que tienen dificultad para quedarse embarazadas.
Sentimos mucha responsabilidad, pues además de custodiar estos tesoros, tenemos el deber de cuidarlos y conservarlos para que el tiempo no los deteriore y otras generaciones los puedan disfrutar. Somos conscientes de que todo este patrimonio, no es solo nuestro, sino de todos.
Pero sobre todo es en la espiritualidad de la Santa, donde sentimos la mayor exigencia de mantener viva su presencia y ser transmisoras de su doctrina, del amor de Dios, de su misericordia infinita, de la experiencia de haber optado por una vida escondida en Cristo, consagrándonos a la misión que nos ha confiado ella: orar por la Iglesia, por los sacerdotes, por la humanidad entera, y configurarnos con Cristo, acompañándolo y haciendo nuestros los sentimientos de Jesús y de la humanidad entera.
Carmelitas Descalzas de Sevilla

SER CARMELITA EN ALBA

Querida Santa Madre Teresa:
He venido un rato a tu sepulcro a charlar contigo y decirte lo que significa para nosotras, tus hijas, habitar aquí, en esta Casa que tú fundaste, donde por especial designio divino te sorprendió el tránsito al Padre, y donde quedaron tus restos mortales como un icono de tu presencia viva entre nosotras, en el Carmelo, en la Iglesia; como una cascada de agua donde pueden venir a beber cuantos ansían encontrar, tal vez sin ser totalmente conscientes de ello, el Agua Viva que fecunde su ser, dejándolo preñado de frutos de amor, de misericordia entrañable, de deseos de infinito siempre insatisfechos y, por ello, siempre en tensión hacia una mayor plenitud de identificación con los sentimientos de Cristo, hacia un quedar “no sabiendo, toda ciencia trascendiendo”, como te susurraría, quizás en más de una ocasión, San Juan de la Cruz al oído, mientras te acompañaba por estos lugares.
Hay quienes dicen que estamos aquí sólo custodiando unos huesos, muy santos, eso sí, pero sólo huesos. Mas tú sabes que esa podrá ser la apariencia desde una visión reducida de las cosas, pero no la realidad de nuestras vidas. Pues, en verdad, eres tú la que nos custodias a nosotras, la que has convocado junto a ti, llamándonos una a una por nuestro nombre, a un puñado de mujeres que nos sabemos pobres y débiles, y por ello necesitadas de tu especial solicitud, como una madre retiene a su lado y cuida con mayor desvelo de sus hijos naturalmente menos favorecidos, hasta conseguir fortalecerlos para secundar los designios de Dios sobre ellos. Gracia ésta de tu elección tan inmerecida que, como dice una hermana, si nos paráramos a pensarlo bien, moriríamos de amor y agradecimiento. Porque aquí experimentamos tu presencia viva y generadora de vida por toda la casa: en las celdas; en los pasillos que tú recorriste; en la vista del río, que te era “harta recreación”, como tú misma refieres en una de tus cartas; pero muy especialmente es en la celdita que recogió tu último suspiro terrenal, en tu corazón, en tu brazo y en tu sepulcro donde te descubrimos como madre, maestra y amiga, enseñándonos y señalándonos sin cesar el Camino, que es Cristo.
Es ahí, a tu vera, donde aprendemos a conocer verdades: la pequeña verdad de nuestras vidas, y la Verdad con mayúscula, que es Cristo; donde nos comunicas continuamente la Vida, Cristo. Y es igualmente ahí donde nos llamas a asociarnos contigo en tu solicitud por los demás: por todos los que, con frecuencia desde lugares muy lejanos, acuden a tu sepulcro como a lámpara colocada en lo alto de un monte, para suplicarte que ilumines sus vidas, en muchos casos un tanto desorientadas, pues entre tantos ruidos ensordecedores, no consiguen terminar de percibir el silbo del Pastor; por todos los que piden fortaleza para vivir su fe y dar testimonio de ella en ambientes cada vez más hostiles; por cuantos tienen responsabilidades especiales en la Iglesia; por los que necesitan tu ayuda para perseverar en su especial consagración; por los que no son generosos con el Señor, y no se deciden a poner su vida en sus manos; y también por aquellos que no vendrán a visitarte, ni te invocarán, porque aún no han conocido la Buena Noticia de Jesucristo, o porque todavía no han descubierto que no están huecos, sino que llevan dentro como un castillo maravilloso, todo de diamante o muy claro cristal, en el que habita Dios.
Querida Santa Madre, tengo que dejar tu sepulcro, donde he pasado este rato tan agradable contigo. Pero no estarás sola mucho tiempo. Enseguida se abrirá el museo, y esta sala se llenará de peregrinos que también quieren estar a tu lado. Una vez más, quiero manifestarte el agradecimiento mío y de todas las hermanas por habernos traído a este Carmelo de Alba. Mas somos pocas. Esperamos que convoques a nuevas hermanas a participar de este inmenso bien. Seguiremos hablando en otro momento. Adiós.
Carmelitas Descalzas de Alba de Tormes

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